PARA MI ABUELA
Cuando era niño,
sentado en tus rodillas, abuelita,
El viento siflando y revolcando mi cabello
por la ventana abierta,
Respiraba alegria-
El olor de los nopales y de las buganvileas,
el aire tierno de esa tierra.
La carretera,
que pasa por Cuernavaca
y acaba en el pacifico,
tenia antes muchas vueltas-
En ruta a Chilpancingo
cruzabamos bosques llenos de duendes,
de espadachines y de cisnes.
La cueva del Diablo bostizaba,
Inhalando mi admiracion,
Sus dientes de cactus mas reales
que los zopilotes que pintaban las montañas con sus sombras.
Esos cerros- rocosos, imponentes,
para mi estan encantados, y sus riachuelos secos
siempre brotaran maravillas, suenos que calentaste
como palomitas, en los hornos rojos del atardecer.